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miércoles, 8 de enero de 2014

Aplastar las protestas en Iraq verdadero objetivo de la guerra contra Daesh




Iraq ha reaparecido en los medios internacionales bajo la misma narrativa tendenciosa: el terrorismo islámico. Y es que a lo largo de 2013, y desde 2003, Iraq solo ha sido “la nota cotidiana” donde mueren uno, dos o veinte civiles a causa de “ataques terroristas”, o donde “sunnas contra shías” luchan por zonas de influencia en un país “sumido en una guerra sectaria desde el fin de la ocupación ”. Casi nadie hablaba, ni habla aún, de las protestas revolucionarias en Ramadi, capital de al Anbar, la provincia más grande de Iraq con cerca de 800 000 habitantes, que vio la Plaza de la Dignidad y el Honor repleta de gente que desde 2011 ha clamado eslóganes tales como comemos hierbajos y transportamos oro, como camellos”, “muerte a la democracia que nos lleva de lo malo a lo peor”, “muerte a la democracia que ha convertido a la gente en extranjeros en su propia tierra”, “muerte a la democracia que trae asesinos y corrupción”, entre otros parecidos.


http://www.iraqinews.com/baghdad-politics/officials-citizens-for-anbar-as-autonomous-region-to-end-marginalization/#axzz2ppEnUuGw


Esta gente valiente ha sido reprimida por cobardes tácticas contra revolucionarias que han llevado el plomo a las calles. No hablamos solo de los asesinatos y la corrupción que señalan los manifestantes en Ramadi, sino también del extraño y repentino avance del grupo salafista “Estado Islámico de Iraq y el Levante”, mejor conocido como Daesh, cuyo líder Abu Bakr al Baghdadi es financiado por Arabia Saudí y contra el cual Estados Unidos y su refrescante aliado en la zona, Irán, están preparando una campaña de defensa ante los ojos de una comunidad internacional que parece definir a dicha estrategia como una “lucha necesaria”.

Ibrahim Awwad Ibrahim Ali al-Badri mejor conocido como Abu Bakr Al Baghdadi


A partir de las últimas horas, el ejército iraquí comenzará a recibir ayuda desde Washington en misiles, helicópteros Apache y de más armamento especializado para combatir a Daesh y sumir a la población de Ramadi y otros lugares como Faluya en otra guerra que no es la suya. Esta realidad hace pensar que esta supuesta “lucha contra al Baghdadi” no sea otra cosa que una cruzada contra las revoluciones en Iraq y Siria, lugares donde los medios internacionales han denunciado la presencia de dicho grupo a quien le han relacionado además con otras filiales salafistas en la zona tales como el Frente al Nusra y las Brigadas de Abdulla Azam en Siria y Líbano respectivamente.


En 2013, según datos de la ONU, murieron 8000 civiles en Iraq, siendo 2014 un año que lamentablemente proyecta una cifra parecida. Las batallas en Faluya y Ramadi, tales como las que libran las fuerzas de seguridad sirias contra los grupos salafistas en Damasco, no ofrecen otro escenario más que aquel donde prevalezca el miedo y la tensión bajo la justificación de la supuesta amenaza del extremismo islámico. Esta estrategia va de la mano con una pronunciada política de represión de las protestas y asesinatos selectivos ocurridos durante el gobierno de al Maliki a cuyo partido político le interesa reforzar su posición en el país dada la tremenda crisis económica y humanitaria en la que se encuentra Iraq tras los escándalos de malversación de fondos públicos entre la gente del gabinete. A esta represión hay que sumar la corruptela de jefes tribales que han vendido su posición social a favor del gobierno iraquí para ayudar a reprimir o a calumniar las protestas sociales en sus localidades, mientras el Comité de Jóvenes de la Revolución ha denunciado decenas de veces el papel desempeñado por el del Partido Islámico de la provincia de al-Anbar en esta clase de clientelismo.

http://www.iraqbodycount.org/analysis/beyond/2013/


Una vez más, la estrategia de seguridad en Iraq parece nublar las aspiraciones de la protesta social al hacerla invisible en los medios a favor de una caótica necesidad de combatir a grupos islamistas. Este tema sobredimensionado será útil para muchas partes en el terreno ya que, por un aparte, el gobierno iraquí reprimirá a más manifestantes al confundirlos cruelmente con vándalos salafistas (en un claro ejemplo de criminalización de la protesta), mientras que los gobiernos de Estados Unidos e Irán podrán justificar su reciente acercamiento estratégico ante la comunidad internacional al cooperar en “la pacificación de Siria e Iraq”, término que comenzará a narrar a su manera la realidad de ambos países en detrimento de la narrativa revolucionaria que, por cierto, se lee muy poco a través de medio electrónicos alternativos debido a tres enemigos poderosos: la censura, la apatía y la violencia semiótica de los medios oficiales.

jueves, 14 de marzo de 2013

A 10 años de la invasión a Iraq

Entre el 12 y 14 de marzo, se llevó a cabo un encuentro que recordó los 10 años de la invasión a Iraq por parte de los Estados Unidos.

Aquí publicamos el resumen de la ponencia que presenté, en vísperas de compartir lo que a mi juicio se considera un ejercicio de memoria histórica. Lo que sigue a continuación, es el contexto social que hay en Iraq a 10 años de la invasión, pero también a más de 70 años de guerra e inestabilidad política continua.

Para ver las ponencias completas, esperen por favor el disco que publicará el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM con las 9 ponencias que hicieron posible este encuentro.




Si recordamos que la invasión a Iraq se realizó dentro del marco de la llamada “guerra contra el terrorismo” y bajo la perspectiva conocida como “el Gran Medio Oriente”, también debemos recordar que la existencia de dichos términos configuró de manera despectiva al ciudadano común de Oriente Medio y de manera particular al musulmán que viajaba por los aeropuertos internacionales como si de un terrorista se tratara, ocasionando toda una semiótica peyorativa que derivó en actos ofensivos y racistas no solo contra la religión sino también contra la cultura, obra y pensamiento del ciudadano árabo-musulmán.

Se trataba de una clara violencia epistemológica que tenía (tiene aún) el objetivo de convencer a la opinión pública de que eran los “terroristas iraquíes” quienes realmente amenazaban a la seguridad internacional tras poseer supuestas armas de destrucción en masa, y que eran ellos un ente desconocido, peligroso, violento, caótico, entre otras denominaciones, el que debía contenerse por el bien de la seguridad de todos los pueblos del mundo. Se trataba de una deshumanización del ciudadano iraquí y de una desubjetivización de sus comunidades ya que el ciudadano de a pie se encontraba atrapado y asfixiado entre la evidente tiranía interna perpetrada por el gobierno de Sadam Huseyn y, al mismo tiempo, por la inminente intervención militar de fuerzas externas o “de la coalición” lideradas por Estados Unidos.  Ambas prácticas contaron con tintes represivos, militares y destructores del tejido social iraquí que llevaron, cada quien en su momento, al debilitamiento de la estructura más básica de la sociedad, es decir, la confianza en sí misma como colectivo, dando pie a una intensificación de conflictos internos muy parecido a lo que se denomina como guerra civil.

Ante esto, la gente a menudo se pregunta si Iraq está mejor o peor después de la invasión de Estados Unidos en 2003. Si bien esto es muy complejo de analizar en este espacio, lo cierto es que la población iraquí ha vivido largos procesos de conflicto en los que, por ejemplo, una persona que hoy tiene 60 años ha tenido que experimentar diversos procesos de guerra o inestabilidad política con violencia desde que Sadam Huseyn tomó el poder en 1978 (mediante un golpe de Estado), después con la guerra entre Iraq e Irán a lo largo de la década de los ochenta, la invasión a Kuwait y la denominada guerra del Golfo, la imposición de un doloroso y largo régimen de sanciones económicas, la invasión de 2003 y ahora la guerra civil y el quebrantamiento del tejido social que enfrenta la gente en el país ante la salida del invasor.

Así, la situación del civil iraquí no es fácil. NI EL DERROCAMIENTO DE SADAM HUSEYN EN 2003 NI LA SALIDA DE LAS TROPAS ESTADOUNIDENSES DE IRAQ EN 2011 HAN RESULTADO EN LA PACIFICACIÓN DEL PAÍS y, mucho menos, en la estabilidad económica y el disfrute del potencial energético y económico con el que cuenta. Ante tantos años de violencia e inestabilidad, de desconfianza, alianzas y traiciones, la gente acude a depositar su seguridad en lo más íntimo de su organización social, es decir, su tribu, su clan, su familia, olvidándose de cuestiones ideológicas que hicieron mucho daño décadas atrás tales como el nacionalismo o el islamismo.

Sin embargo, al pasar los años, cada una de estas tribus ha configurado sus propios mecanismos de subsistencia y de defensa contra quienes consideran sus enemigos. Algunos se fortalecen haciendo alianzas confederadas con otras tribus, algunas otras estableciendo acuerdos con los estadounidenses, otros con el nuevo gobierno, otros con los iraníes, otros con grupos como Al Qaeda, otros intentan salir (como la población cristiana caldea de Bagdad, cercana al 3% de la población total) entre muchos más, lo que habla de un escenario de guerra civil donde ciertamente los niveles de violencia se disparan e intensifican debido a la intromisión de otros poderes y otros actores que buscan salvaguardar sus intereses geopolíticos mediante su presencia en lo que ellos llaman “el nuevo gobierno Iraq”.

Hoy en día no hay grupo iraquí que no tenga un contacto, entrada de dinero u oferta para tener seguridad, comodidad y otros “privilegios” que provenga de actores externos. La seguridad, el dinero y la comida son bienes que escasean debido a la proliferación de secuestros, robos y otros delitos relacionados con la debilidad del Estado. En este sentido, los números no importan, la macroeconomía dice cosas muy distintas de los testimonios que nos han llegado de los mismos iraquíes que solo piden una cosa: que no se les olvide.

Los numeros del gobierno son engañosos. Uno se debe fijar en la economía del día a día para tener un panorama más cercano de la economía del iraqui:

-          Hoy en día 40% de la población iraquí no tiene agua potable,
-          el 30% carece de asistencia sanitaria, 25 % sigue viviendo bajo el umbral de la pobreza, 
-          Iraq es el país de la región con más desempleo (30%) solo antes de Yemen y Libia, con los índices de pobreza extrema en aumento,
-           con 5 millones de huérfanos, con la tasa más alta de muertes infantiles (50 de cada 1000)
-          y se perfila como uno de los pocos países que no cuentan con alfabetización para sus niños (solo el 68% del país). El Ministro de Defensa es al mismo tiempo el Ministro de Cultura.  SADOUN AL DULAIMI

Por otro lado, los medios de comunicación locales y regionales que ensalzaron las revueltas en Egipto y Túnez guardaron un misterioso silencio a la hora de exportar las imágenes creativas que la sociedad iraquí creaba, sobre todo a través del liderazgo de las mujeres, ya que una lectura con la atención puesta en Iraq como en otros escenarios podría haber nublado la imagen epistemológica que Estados Unidos quería exportar sobre un “éxito rotundo de la operación iraquí” bastando solamente dos o tres notas al respecto de las protestas las cuales utilizaron para justificar “la necesidad de la presencia estadounidense para pacificar Iraq”.

Es un punto de vista que comparten los iraquíes que están en la primera línea de los negocios en Bagdad. Los precios de los inmuebles en la capital son altos pero hay multitud de compradores. Le pregunté a Abduk-Karim Ali, un agente inmobiliario, quién estaba pagando tanto por las casas. Contestó riéndose que había inversores del Kurdistán y Bahrein, pero que la mayoría de los compradores con los que él negociaba “son los ladrones de 2003, los que tienen el dinero”. “¿Quiénes son?”, le pregunté. “Me refiero a los cargos del gobierno”, dijo el Sr. Ali. “Compran las mejores propiedades para ellos mismos”.

Un problema aparte es representado por la nueva elite gobernante en Iraq.  Patrick Cockburn, reporteroindependiente de la cadena informativa Counter punch, Pocos meses antes de la invasión, un funcionario iraquí, entrevistado en secreto en Bagdad, hizo un sombrío pronóstico: “Los iraquíes exiliados son la réplica exacta de los que nos gobiernan actualmente… con la única diferencia de que los últimos están ya saciados porque llevan treinta años robándonos”, dijo. “Esos que llegan acompañando a las tropas estadounidenses tienen un hambre voraz”.

Muchos de los iraquíes que volvieron a Iraq tras la invasión dirigida por EEUU eran gentes de altos principios que se habían sacrificado como opositores a Sadam Husein, muchos de ellos habían vivido parte de su vida en Irán y en Siria como el propio Nur al Maliki, aunque, una vez transcurridos diez años, la predicción del anónimo funcionario acerca de la rapacidad de los nuevos gobernantes de Iraq se ha convertido en una total realidad. Como señaló un ex ministro: Las mismas maniobras de corrupción y clientelismo hacen gala ahora de la política iraquí.

Pocos iraquíes lamentan la caída de Sadam Huseyn, pero muchos recuerdan que, tras los devastadores ataques aéreos de EEUU contra la infraestructura iraquí en 1991 y 2003, las centrales eléctricas se repararon solo en zonas céntricas urbanas utilizando sólo recursos iraquíes.

Pocas cosas han cambiado desde entonces. Las estafas flagrantes continúan y además reciben protección oficial. En 2011, Rahin al-Ugaili, el director de la Comisión por la Integridad, desenmascaró varias “empresas fantasma” en el extranjero que los altos funcionarios utilizaban para concederse contratos a ellos mismos. Se hacían pagos por la totalidad aunque esos contratos no se cumplieran plenamente.

Las nuevas elites que se benefician del sistema llevan una existencia misteriosa, escondidas tras las murallas de la Zona Verde o atravesando las calles de Bagdad en convoyes blindados. Se cree que la mayor parte del dinero malversado va a parar al extranjero mientras que el resto se guarda en el banco o se invierte discretamente en inmuebles.

Hay un montón de dinero en Bagdad pero poco consumo visible. La violencia ha descendido pero el temor a los secuestros es muy real y nadie quiere atraer la atención mostrando su riqueza. El Sr. Ali, el agente inmobiliario, dice: “Conduzco un coche malo para que la gente no sepa que tengo dinero”. Los iraquíes ricos viven en zonas vigiladas detrás de muros y guardaespaldas.

Por qué todo esto. la respuesta es simple:

 “Las sanciones de las Naciones Unidas destruyeron la sociedad iraquí en la década de los noventa y los estadounidenses destruyeron el estado iraquí en 2003”. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Pasdaran e Israel -vs- Obama y reformistas

La sociedad iraní se encuentra atrapada por las decisiones de sus políticos más conservadores desde el inicio de la República Islámica en 1979. El acercamiento con Estados Unidos ha sido más frecuente en estos últimos años pero no ha sido conducido por los hombres idóneos para llegar a negociaciones claras en los temas más preocupantes para ambas naciones.
Israel por su parte ha hecho de todo. Ataques cibernéticos, asesinatos selectivos, retórica, sanciones económicas, y presión a Estados Unidos.. y a Irán. El régimen iraní, ha dicho varias veces, incluso mediante una fatwa,, que no persigue una bomba nuclear, y que de hecho esa opción es "anti islámica", pero con el primer explosivo que llegase a caer en Irán, los Pasdarán y el líder supremo (que ojo acaban de hacerse del control  parlamentario del país para efectos de cualquier ley) tendrían las herramientas necesarias para justificar la elaboración de un artefacto nuclear aclamando a la defensa de la revolución. En otras palabras, si bien doctrinalmente la bomba es prohibida en Irán, perfectamente puede dejar de serlo en el momento político y estratégico que más convenga. No se trata de un ejercicio de ideología religiosa sino de cálculo de poder. La pregunta es si Irán realmente quiere convertirse en un Estado al estilo Pakistán con una élite militar que controle cada sector y movimiento de la sociedad, o uno que rescate los ideales del buen entendimiento con Occidente y entable pistas de negociación sobre el tema nuclear y muchos otros en la región (de ahí la ruptura interna en el gobierno conservador iraní entre Ahmadineyad y Jamenei y el repudio del sector reformista a un pensamiento de esa magnitud). Así, aunque parezca paradójico, Israel pugna más por un Irán militarizado, tal vez nuclear, represor de su pueblo que le permita justificar su accionar paranoico que ha sembrado en el ambiente social interno, al grado tal de que en Israel se viva hoy en día no solo como si la guerra fuera a ser mañana sino como si ya se estuviese en ella.

La muestra de todo esto es que los gobiernos de los llamados reformistas en Irán, quienes han sido los protagonistas de los acercamientos más espectaculares jamás vistos en su historia con los Estados Unidos, hoy en día también se encuentran cooptados por los "hombres de hierro" que sea dicho de paso, tienen más en común con los cuarteles y los militares que ellos mismos crearon, que con la tradición de la shía iraní que dicen representar.


Afortunadamente, después del encuentro entre B. Netanyahu y B. Obama el día de ayer, los israelíes no escucharon todo lo que querían del Presidente Obama. Y no nos referimos con esto a nada relacionado con la situación palestina (que por cierto sufrió de una ausencia imperdonable) sino al apoyo retórico y material de un ataque contra Irán. 

Estados Unidos ha mantenido una posición en la que establece que si bien no quiere una bomba nuclear para Irán tampoco aspira a una guerra en su contra y por otro lado lo que se busca es un entendimiento diplomático que ayude a contener una balanza de poder, la cual ha sido la tendencia vista en todas las administraciones pasadas. 


Muchos analistas atinamos al pensar que las invasiones a Iraq y a Afganistán habían resultado en el inevitable fortalecimiento de Irán como actor regional que había sido causa de "una falta de cálculo estadounidense, sin embargo  en esos momentos no pensamos que el derrocamiento de Sadam Husein y el castigo militar a los talibanes se convertiría  también en una estrategia  para debilitar geopolíticamente a Arabia Saudí y obligarle así a tirar definitivamente el ancla de la dependencia armamentista de Esatdos Unidos, haciendo, como era costumbre, grandes negocios a largo plazo.

Pero un Irán fortalecido con ayuda de Estados Unidos no pudo haber sido una falta de cálculo. Algunos círculos académicos iraníes  pensaron que Washington podría haber visto con buenos ojos un Irán nuclear que pudiera hacer un contrapeso geopolítico no solo a Arabia Saudí sino al propio Israel, cuyo looby se había encargado de manipular en varias ocasiones a los gobiernos en turno de la Casa Blanca, habiendo colmado la paciencia de no pocos en la capital estadounidense (cabe señalar que esa postura habría sido bien vista pues ahora sabemos cómo Obama se expresa de Netanyahu tras el desliz de los micrófonos en noviembre de 2011). Así, se podría contar con un equilibro de poder nuclear entre Estados Unidos y Rusia a nivel tras continental; China y Japón en Asia; India y Pakistán en el subcontinente Indio; Francia y Alemania en Europa, e Israel e Irán en Oriente Medio. Vaya, esto sonaba muy bien, sobre todo después de los acercamientos que Irán tuvo con Estados Unidos para poder pacificar la situación de violencia que se desató en Iraq tras la resistencia armada de cientos de milicias iraquíes y miles más de mercenarios, esto de acuerdo con algunas conclusiones establecidas por el reporte final del  Study Group Report de Estados Unidos. De este escenario también se puede justificar que la retórica agresiva de Ahmadineyad haya sido dirigida con más fuerza hacia Israel y no en tal grado a Estados Unidos.

Las señales de Irán y Estados Unidos no han sido tan drásticas ni belicosas como se piensan sino simplemente han estado inmersas en juegos de poder a gran escala. La gran paradoja de sus relaciones es que a pesar de la retórica hostil, las dos naciones nunca han roto sus vínculos psicológicos entre sí pues, a más de un cuarto de siglo después de la revolución de 1979 éstas se han vuelto, y de hecho son, cada vez más frecuentes, incluso a medida que continúan los debates sobre los efectos de las sanciones, la línea roja de Hormuz, el precio del petróleo y del oro (donde Irán es uno de los países con más reservas después de Reino Unido), y el intercambio de cartas donde es claro que a ambos países no les conviene el inicio de hostilidades militares. De hecho, la actividad diplomática de Irán con Estados Unidos no había estado tan activa como en los últimos años, diplomacia que favorece un escenario de diálogo entre ambas potencias, no al grado que intentó Jatami durante su presidencia, pero si de cada vez más entendimiento y aprendizaje mutuo.

La herramienta de Estados Unidos con la República Islámica, históricamente, siempre han sido las sanciones  económicas y no una intervención militar, por lo menos hasta que se ponga en juego el interés nacional de Estados Unidos en la zona. Se trata de una compensación de poder. Para los Estados Unidos, el objetivo es que Irán reconozca "la superioridad americana" mientras para Irán, el objetivo de la resistencia es forzar a los Estados Unidos a reconocer "el derecho de Irán a ser tratado como una potencia regional" en Oriente Medio en general y el Golfo Pérsico en particular. Pero ambos países necesitan garantías uno del otro, garantías que Israel no está dispuesto a permitir, tratando de precipitar a ambos gobiernos (y a otros más como a los árabes) a una guerra indescifrable, absurda y de pérdidas de vidas catastróficas que ahuyente a su población del debate de identidad que experimenta sobre lo "judío y lo israelí", sobre el destino del Estado palestino, y sobre el papel que jugaría Israel en un Oriente Medio en vías de una sufrida democratización por las revoluciones de los pueblos árabes.







jueves, 16 de febrero de 2012

Líbano e Iraq en el marco de la primavera árabe

Los casos de Líbano e Iraq aparecen como focos de atención por muchos otros problemas que tienen poco que ver con la Primavera Árabe, por ahora. Ambas son sociedades desgastadas por las intervenciones militares de países externos y por los conflictos internos que de aquellas han devenido, con una fuerte intervención de Irán y Estados Unidos entre las élites políticas de sus gobiernos,  movimientos armados que se disuaden uno al otro y  un agregado confesional que se impregna en las relaciones políticas de las poblaciones de ambos países respectivamente. Aquí algunas reflexiones sobre Líbano e Iraq en el marco de la Primavera Árabe.

En el caso de Líbano, se trata de una sociedad que ha arrastrado una cruda y sangrienta guerra civil desde los años setenta y que terminó oficialmente hasta hace apenas unos veinte años con un saldo estimado en 400 000 víctimas, unas 350 000 desplazadas y cerca de 1 millón de emigrantes a lo largo del mundo. A esto se le debe sumar la ocupación israelí en los años ochenta, la contraofensiva de Hezbollah a principios de los años noventa, la operación "Uvas de Ira" y la masacre de Qana en 1996, la pugna entre el gobierno libanés y el Hezbollah por el financiamiento de Irán a dicha organización, la crisis política tras el asesinato de Rafiq Hariri en 2005 y la guerra de Hezbollah e Israel en 2006 que terminó con una humillante salida del ejército israelí y un fortalecimiento moral y político de la organización islamista hoy convertida en partido político. 

Todos estos factores han causado en la sociedad libanesa una fatiga psicológica que lo último que ha pensado es en hacer una nueva revuelta al estilo del resto de los países árabes vecinos. Los esfuerzos de la población en los últimos cinco años se han basado en buscar una buen gobierno después de poco más de quince años de guerra civil y tensiones políticas entre sus élites, a la par de seguir adelante con los programas de educación universitaria y la búsqueda de trabajo en el extranjero. 

Sin embargo, es verdad que la población joven de Líbano tiene demandas que hacer oír a su gobierno compuesto de múltiples alianzas que traspasan las fronteras de su sistema multi confesional, es decir, el rechazo a vivir en guetos. A nadie le gusta vivir en getos, ya el acuerdo de Reconciliación Nacional de Taif en 1989 con el que terminó oficialmente la guerra civil había comenzado a sentar las bases de la abolición del sectarismo como una prioridad nacional, sin embargo, ese acuerdo de hace dos décadas se ha convertido ahora en un juego de poder entre los movimientos 8 de marzo que se apoyan del potencial militar y político de Hezbollah, Siria e Irán, y el movimiento 14 de marzo que se ampara del apoyo de Estados Unidos y Occidente.

Pero aquí, el papel del delirante régimen de al Assad juega un papel más importante del que se piensa, pues si bien los movimientos populares en Líbano no han sido lo suficientemente expresivos, ( o sus objetivos han estado lejos de los del resto de los jóvenes de sus vecinos egipcios o sirios) las alianzas de las que viven sus élites pueden tener un reacomodo geopolítico sensible si el régimen de al-Assad cae.


El derrocamiento de al-Assad podría devenir en una fractura de la alianza entre Hezbollah e Irán pues el régimen sirio ha estado fungiendo por más de treinta años como el intermediario más eficiente para el armamento y de más ayuda logística y financiera que recibe la organización islamista. Un ejemplo de esto es la debilidad de algunos diputados pertenecientes al movimiento 8 de marzo tales como  Michael Aoun, cuya financiación depende directamente del régimen sirio el cual, de terminar derrocado en los próximos meses, provocaría la suspensión no solo del argumento político con el que trabaja éste y otros diputados sino también del de su propia financiación para sus campañas, publicidad y protección políticas.
Sin el apoyo de Siria, Hezbollah se verá forzado a sufrir una seria transformación en su logística y operación a menos que pueda optar por una articulación de intereses a favor de un nuevo gobierno sirio y apoyar, como no lo ha hecho hasta el momento, a los movimientos sociales revolucionarios y ponerse inmediatamente del lado de la calle árabe, una opción parecida al juego pragmático que ha optado por seguir Hamás con su alianza con la OLP, una alianza que por cierto necesita de una reforma inmediata de la ley básica de 2002 para que sea tomada por los ciudadanos palestinos con mayor seriedad y compromiso.

Finalmente cabe señalar que el movimiento del 14 de marzo también está pendiente del destino de Siria ya que el final del régimen de Al Assad también significa el final de su plataforma política y de su discurso de confrontación contra  Hezbollah y Assad.  Sin Assad, esta corriente política libanesa se queda sin el "vecino árabe intervencionista" a quien demandar y por quien pedir apoyo a Occidente, lo que resultaría en una política de confrontación directa contra Irán y de cierre de filas con el nuevo gobierno sirio. La cuestión en estos momentos sería dilucidar los movimientos que Hezbollah y sus enemigos políticos harán en Líbano en el escenario post Assad y si esto podría levantar el interés y la movilización de la población libanesa para obtener un sistema de unidad nacional impulsado desde 1989 y que se podría volver una realidad ante este reacomodo geopolítico entre las élites de la "Francia del mundo árabe".

Por su parte, Iraq también comparte una historia similar al pasar por un periodo de guerras con Irán en 1a década de los ochenta, una más en guerra del Golfo entre 1990 y 1991 y una invasión atroz en 2003 cuyo número de víctimas es estimado entre 108 000 y 1.5 millones de acuerdo a las fuentes que se recurran. Sin embargo, pese a dicho desgaste psicológico y material, la movilización de la población iraquí ha sido más activa que en Líbano por una justa razón, esto es, la ocupación estadounidense. Ciertamente entre los principales lemas  iraquíes durante este primer año de primavera árabe y hasta hace una semana, se tienen el "rechazo a la corrupción del gobierno" y "el final de la ocupación estadounidense". La primera de ellas responde a la desconfianza que prevalece entre los iraquíes desde el inicio de la invasión y el clientelismo generado a través de la mala distribución de la riqueza y el poder, mientras la segunda responde a la ocupación misma, la cual pese a la retirada de los efectivos militares de las 500 bases que se tenían para la invasión en 2011, prevalece con la presencia de miles de contratistas que buscarán el negocio de la reconstrucción y la seguridad privada para "ayudar a pacificar" el país en los próximos años. Para Septiembre de 2012 se espera un número aproximado de 15 000 contratistas de los cuales la mitad será de compañías estadounidenses.

Y es que ciertamente la reconstrucción tampoco es un trabajo que se pueda hacer con la presencia estadounidense, la cual, entre la gente común, recuerda la serie de atrocidades cometidas por algunos soldados, la violación de todos los derechos habidos y por haber de la población civil y el causante de un país vuelto en ruinas que pasó de ser del segundo productor de petróleo a nivel regional al segundo lugar en corrupción y uno de los países con la peores condiciones de vida a nivel mundial, mientras su capital Bagdad, la misma ciudad de ensueño de las mil y una noches, se ha vuelto ahora la cuarta ciudad más peligrosa del mundo.



Aunado a lo anterior, la intromisión de Irán en la política interna iraquí también ha tenido consecuencias muy graves para la pacificación del país. Al utilizar la estrategia de los años ochenta en Líbano, Irán ha construido, principalmente en el sur iraquí, una serie de escuelas, clínicas, tiendas, hoteles, entre otros, todos ellos con la fotografía de Jomeini y Jamenei en las paredes. La situación de Basra es un vivo ejemplo de ello, ahora mucha gente en ese lugar piensa que el modelo iraní es el modelo que debe seguir Iraq, lo que da pie a pensar que, ciertamente, la situación de Iraq hoy en día es muy parecida a la situación que vivió Líbano en los años ochenta, donde el agresor no es Israel sino Estados Unidos y donde se está viendo crecer a las milicias patrocinadas por Irán tales como Al-Dawa y el Consejo Supremo de la Revolución Islámica, las cuales, como lo hizo Hezbollah en Líbano hace treinta años, están produciendo nuevos enfrentamientos tanto con las nuevas fuerzas de seguridad del Estado iraquí, con las milicias sunníes que pertenecieron al ejército de Saddam Hussein y con otros grupos independientes que trabajan por cuenta propia o como mercenarios.


Este ambiente de confrontación de poderes extraterritoriales en Iraq ha hecho que la pacificación no llegue a corto o mediano plazos, hecho que sin duda beneficia a Irán para justificar su influencia política y económica en aquel país tratando de ganar el favor de la gente y al mismo tiempo (sin éxito aún) de restar legitimidad y simpatía al Gran Ayatollah Al Uzma, Ali Al Sistani, quien ostenta un poder social y popular en Iraq totalmente avasallador. Al Sistani, quien se opone públicamente al postulado del Velayat al Faqih por su rechazo de la intromisión de la religión en la Política, ha albergado en Nayaf, epicentro del shiísmo duodecimano, a cientos de religiosos disidentes de Qom en los últimos años que no están de acuerdo con la justificación religiosa del actual sistema de gobierno en Irán y que han aprendido nuevas aproximaciones al shiismo contestatario desde las enseñanzas de Sistani y sus allegados. Con un Iraq pacificado, la escuela religiosa de Al Sistani es la única que puede poner en tela de juicio a nivel doctrinal la legitimidad del sistema del Velayat al Faqih en Irán, cuestión que no conviene al  gobierno de Jamenei quien prefiere ciertamente un Iraq Shií de corte parecido al de la República Islámica, al grado de mandar a construir "escuelas velayistas" a Nayaf para contrarrestar esta amenaza. Esto es muy delicado pues algunos académicos como el Abel Karim Soroush ya han advertido sobre la posibilidad de que "Nayaf pueda liberar a Qom" con una aproximación quietista que sin duda lidera Al Sistani.

En conclusión, en ambos casos, Líbano e Iraq, vemos cómo Estados Unidos, Israel e Irán, tal como pasa en Sira, han estado condicionando la política interna de dichos países haciendo de la vida civil una pesadilla social y un laberinto cruel de doble rasero, pues mientras estas potencias se muestran ante los medios como ejes de pacificación y ayuda a los pueblos de esos países, por otro lado están muy interesados en mantener un equilibrio de poder con base en las armas, los ejércitos y las milicias, con quienes también sacan un provecho político y económico a corto plazo pues cada uno de ellos "pacifica" los lugares de comercio e importancia económica para su aliado respectivo. Si bien Líbano e Iraq albergan diferencias en tamaño, población y recursos, estos países adquieren una importancia parecida para las potencias extraterritoriales que no han dejado que la gente al interior explote sus demandas y verdaderas preocupaciones como lo han podido hacer, aguantando  la represión militar y la censura, los pueblos y movimientos sociales en Bahrein, Egipto, Siria y otros que, a pesar de lo experimentado este primer año en sus revueltas y protestas, han dejado en claro que se trata apenas del comienzo de un largo y tortuoso camino en busca de la democracia.


jueves, 26 de enero de 2012

Nota sobre el petróleo iraquí

Después de algunos años de paralización en sus exportaciones petroleras, Iraq ha alcanzado un repunte en sus exportaciones por la cantidad de 2 millones 600 mil barriles de crudo al día, un poco más de 400 mil barriles por encima de la capacidad de Irán, informó Radio Farda el día de hoy.

La noticia llega después de un repunte en el precio del crudo que ha superado los 77 euros por barril, después de las sanciones que ha aprobado la UE al petróleo iraní la semana pasada.

Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar, esta noticia no es  mala  para Irán, país con el que Iraq ha duplicado sus intercambios comerciales en los últimos dos años y con quien mantiene excelentes relaciones económicas y financieras en Basra, en la zona del Golfo Pérsico, donde no solo comparten frontera sino también pozos petroleros que explotan en conjunto así como una zona de libre comercio en Arvand para la generación de empleos, inversiones y comercio industrial en beneficio de ambos países. 

A su vez, la noticia tampoco es mala para Occidente, pues la mayoría del petróleo que es extraído actualmente de Iraq es comercializado por petroleras europeas, principalmente BP.

Es importante matizar que las rutas que Iraq utiliza para comerciar su petróleo son unas de las más pluri direccionales de la zona y que también pueden figurar como una válvula de escape para el petróleo iraní que se explota en la zona del Arvand Rut o Shat -al 3arab, por lo que el probable aumento de la producción iraquí en los años siguientes deberá matizarse con el porcentaje de petróleo iraní que con él circula, por lo menos en la parte sur del país. 

Cabe señalar que Iraq no ve con buenos ojos las sanciones al petróleo iraní puesto que no solo trabaja con él en su extracción y distribución sino que también ha venido importando gasolina del país vecino al grado de llegar a un acuerdo para la rehabilitación de una gran refinería en Basra desde diciembre de 2011 en beneficio, otra vez, de ambos países.

Irán ha jugado un papel clave en la reconstrucción de la infraestructura iraquí y en la re activación de su comercio después de la invasión estadounidense por lo que las buenas noticias en Iraq no son menospreciadas en Irán desde la perspectiva pragmática.



lunes, 26 de diciembre de 2011

El Traslado de los Muyahidin-e Jalq ante la salida de Estados Unidos de Iraq

El día de hoy Iraq y la ONU firmaron un instrumento de entendimiento  para facilitar la reubicación de la pequeña base social (unas 3000 personas) de los Muyahidin-e jalq, uno de los movimientos de oposición más persistentes en contra del gobierno de la República Islámica de Irán. El traslado será del Campo Ashraf al Campo de la libertad, una ex-base militar estadounidense al norte de Bagdad, la capital iraquí.

Los Muyahidin están catalogados como organización terrorista por los Estados Unidos e Irán aunque hoy día siguen una polémica campaña para ser borrados de la lista del Departamento de Estado estadounidense. 

Desde 1963 y hasta1979 ellos lucharon al lado de Jomeyni para derrocar al Sha de Irán en la revolución iraní pero en sus operaciones militares contra el ejército imperial cometieron atroces actos terroristas no solo contra estadounidenses sino contra propios civiles iraníes por lo que al terminar el gobierno del Sha no fueron incorporados al sistema de la República Islámica y fueron perseguidos por las fuerzas militares del nuevo gobierno.

En 1986 hicieron una alianza política con Sadam Husseyn para derrocar a Jomeini en plena guerra Irán-Iraq, por lo que gran parte de su base social se trasladó al Campo Ashraf, al noroeste del país vecino, donde crearon  su ala armada, El Ejército Nacional de Liberación con Massoud y Maryam Rajavi como sus jefes supremos. Ese hecho, lo pagaron muy caro pues perdieron el apoyo social que lograron acumular entre la población iraní por lo que su legitimidad y credibilidad se fue erosionando a la par de sus ataques terroristas en contra de diversas personalidades del gobierno islámico.

Tras la invasión de Iraq de 2003, los Muyahidin fueron rendidos por las tropas estadounidenses en Iraq y fueron catalogados como "personas protegidas" de acuerdo a la 4 convención de Ginebra (relativo a la protección de personas en guerra) a pesar de ser consideradas como organización terrorista desde 1997, por lo que se abrió un debate sobre su estatus jurídico en el derecho internacional. El lobby de los Muyahidin en Washington, Londres y Bruselas, pide a la Casa Blanca borrarla de la lista negra de terroristas en el mundo para que puedan tener acceso a financiamiento de ONG´s, pero el testimonio de varias personas que han logardo escapar de Ashraf ha dejado en claro que los altos rangos de la organización han sido victimarios de sus propios miembros obligándoles a permanecer en el campo, a dejar a sus familias por la organización e incluso, a inmolarse si es necesario, tal como ocurrió con dos de sus miembros en Paris en 2003 cuando se prendieron fuego a sí mismos para protestar contra la detención de su líder Maryam quien reside en esa ciudad desde hace varios años.

El traslado actual, en medio de la polémica antes mencionada, expone una política encontrada en Estados Unidos sobre la situación de los muyahidin pues algunos círculos políticos en Washington creen que esta organización puede ser útil en algún momento geopolítico para atacar a Irán, pues a menudo se dice que ha colaborado con información sensible sobre armamento y estrategia interna a la par de su papel protagónico que ha desempeñado en la develación del programa nuclear de Irán hace unos años.

Aunque a decir vedad la capacidad de los muyahidin de ofrecer información a Occidente desde Irán es cuestionable (por ejemplo no es posible que puedan tener acceso a la tecnología necesaria para sacar las fotografías satelitales con las que expusieron el programa nuclear de Irán en el 2002), el papel de los muyahidin ha sido sorprendente no tanto por sus actividades sino por su supervivencia a pesar de tantos años de "resistencia".... o como s ele pueda llamar a sus actividades. Pero ante los ojos de los iranies y de algunos estudiosos en la materia, no han sido más que "mercenarios del poder" y "oportunistas políticos" que han buscado en la coyuntura política el mejor momento para obtener el poder en Irán, primero al lado de Jomeini, luego al lado de Sadam, y ahora al lado de Estados Unidos. 

Las críticas prevalecen en Washington en tanto el gobierno (a través d Iraq) apoya el traslado y la protección de éstas personas que pertenecen a una organización terrorista, lo cual es un delito, pues ante la retirada de Estados Unidos de Iraq y del fin oficial de la guerra, la condición jurídica de dichas personas cambia y se abre un vacío teórico que hoy Naciones Unidas y el ACNUR con sus "buenos oficios" estarán dispuestos a remendar para darle un respiro a la situación en alivio de la ex-potencia ocupante, Estados Unidos. 

En tanto Irán pide la deportación inmediata de todas esas personas, la preocupación que persiste no es por las reacciones del ejército de Iraq ante el traslado sino por la decisión de los propios líderes de los muyahidin de apostar por un traslado donde se puedan "aportar mártires a la causa", es decir, mostrar un traslado caótico con centenares de víctimas que puedan ser ofrecidos a los medios de comunicación y así presionar más al gobierno estadounidense a eliminarlos de la lista negra, hecho que tanto añoran.

Así, la política de la organización, desalmada, cruel y fría, se vende a los ojos de los medios internacionales con una imagen de resistencia, humana y democrática. Pero Rajavistas, jomeinistas, pahlevistas, todos ellos lo único que han hecho ha sido dañar a la población iraní y darles "mártires" en conveniencia propia.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Fin del quietismo religioso en Iraq o alianza política?

Ayer el Washington post publicó una nota en la que se anunciaba nuevamente las pretensiones del Ayatollah Hashemi Shahroudi, firme aliado del líder Supremo iraní Ali Jamenei, de "abrir una oficina de despacho" o un seminario de estudios en la ciudad de Nejaf, Iraq, ante la retirada de las tropas de Estados Unidos éste fin de año. Nejaf es el epicentro del shiísmo. Se trata de la ciudad sagrada para los partidarios de Alí y destino de peregrinación anual de entre 20 000 y 30 000 creyentes que viajan a dicha ciudad y a Kerbalá para recordar el martirio del Imam Husseyn, uno de los hijos de Alí, todos ellos descendientes del profeta Muhammad. Nejaf ha sido la escuela más importante del pensamiento shiíe quietista, es decir, aquella que pregona a los religiosos mantenerse lejos de los asuntos del Estado y tomar una actitud pasiva incluso cuando el gobierno sea despótico o tirano, esto en armonía con la conducta de Alí al permitir el gobierno de los tres primeros califas bien guiados después de la muerte de Muhammad pese a que, según la tradición shiíe, el Profeta le habría delegado al mismo Alí la responsabilidad de comandar a la "Umma", la comunidad de creyentes en el Islam. 
Al Sistani es el Ayatollah al Uzma de Nejaf, el grado mas alto dentro de la jerarquía del shiísmo duodecimano. Actualmente en ciudades como Qom, Kerbalá o Beirut existe una cantidad no conocida de Ayatolla al Uzma o bien, Marja taqlid /fuente de emulación, pero para muchos creyentes del shiísmo Al Sistani es el único que tiene la autoridad para ostentar dicho título debido a su sabiduría, experiencia, guía espiritual y símbolismo de buen seguimientodel Islam Shía. Los partidarios de Al Sistani y muchos otros shiíes en Iraq, han visto al shísimo en Irán como una desviación a los principios del quietismo religioso, cuyo último representante en Irán (Ayatollah eBorujerdi) murió desde 1960. El quietismo shiíe dice que l Estado Islámico no podría existir sino hasta la llegada del décimo segundo Imam quien vendrá acompañado por el mesías y hará un juicio final, por lo que cualquiera que ostente un gobierno religioso será catalogado como ilegítimo puesto que la religión, al estar por encima de cualquier gobierno no puede ejercer el gobierno. Sin embargo en Irán, bajo la teoría del Velayat al Faqih, después de la muerte de Borujerdi se dio  pie a una generación de religiosos que cree que la religión, con base en la herramienta de la jurisprudencia y el ijtihad, puede gobernar ante la ausencia del Imam oculto,  tradición que recoge el pensamiento del Ayatollah Jomeini y su sucesor en el gobierno de Irán, Ali Jamanei.


Por lo tanto, un emisario de la corriente activista iraní en Iraq es una maniobra política más que religiosa para ganar influencia en aquel país, puesto que se intenta ejercer presión y confusión entre los creyentes aprovechando los nexos que Irán tiene en dicha ciudad sobre todo con comerciantes y mercancía de origen iraní, la cual compite directamente con otros inversionistas árabes y turcos. 
La estrategia de Irán es sumamente inteligente debido a que, a sabiendas de la posición quitista de Al Sistani, el envío de  Hashemi Shahroudi le permitiría la posibilidad de dar seminarios, graduar alumnos y publicar información con tendencias pro jurídicas de la escuela iraní "jomeinista", y hacer grupos de estudio y presión política junto con otros grupos pro iraníes que ya trabajan en Iraq como los de Muatada Sadr que a largo plazo pueden ser una carta de disuasión e inestabildad política para un nuevo gobierno iraquí que no quisiera cooperar en diversos ámbitos con la República Islámica. 

Cabe señalar que el Islam Oficial en Irán  ha venido incorporando reformas desde el gobierno de Jamenei que le han hecho cada vez más conservador y poco flexible a las demandas de los propios jóvenes en Irán y algunos ruhaniyat (clérigos) quietistas dentro de Irán que cuentan con gran popularidad pero no pueden mostrar su preferencia política tanto por el quietismo que les caracteriza como por el acoso de las fuerzas de seguridad de los Pasdaran.

La pregunta es si la posición quiestista religiosa tiene un límite y si Al Sistani permitirá la influencia directa de Irán en Nejaf o sus sucesores lo harán. En Iraq hay un resentimiento nacionalista en contra de Irán que se manifiesta en los ataques a los peregrinos que viajan a las ciudades sagradas años con año,  reflejo de una guerra que los encaró durante una década y que ha sido una de las más sangrientas de la zona. Pero también es cierto que las nuevas generaciones han aprendido a ser pragmáticos y que probablemente una alianza entre jomeinismo y quietismo se pudiera dar, por lo que Irán no estaría en búsqueda de problemas sino de alianzas, dejando el quietismo religioso donde siempre ha estado y los negocios, influencia y política donde se quiere que estén. 
Así, se corrobora una vez más que Irán tiene mecanismos de acción más favorables para extender ofertas a Iraq en ámbitos donde los Estados Unidos no pueden competir, pero no se deberá perder de vista que esta vez el quietismo religioso iraquí podría experimentar una oferta jomeinista que puede ser vista también como un tirano en algún momento, lo que la hace candidata al desprecio, la ignorancia y la indiferencia, algo con lo que Irán tiene que contar, a menos que los jomeinistas terminen convirtiéndose al quietismo, un escenario nada despreciable dada la mentalidad del shiísmo en su epicentro.