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lunes, 13 de mayo de 2013

Las sorpresas de los registros a las presidenciales en Irán



A 34 días de la undécima elección presidencial en Irán, el Ministerio del Interior ha informado el registro oficial de 686 candidatos donde resaltan nombres  como el de Ali Akbar Rafsanyani, el ex negociador nuclear Saeed Jalili y el protegido de Ahmadineyad, Esfanidiar Rahim Mashaei, todos ellos candidatos de último minuto que han puesto un toque muy especial al ambiente de los próximos comicios en la nación iraní. 

De hecho, la gran mayoría de estos candidatos son desconocidos incluso para los mismos votantes iraníes, por lo que el Consejo de Guardianes (el órgano encargado de aprobar o no las candidaturas finales) tendrá una gran tarea en los próximos diez días ( no más ) para descalificar casi a todos ellos dejando máximo una docena de nombres tal como ha ocurrido en elecciones pasadas.

Pero de este proceso en particular, ciertamente sobresalen las postulaciones de los llamados “candidatos incómodos” para Ali Jamenei tales como Rafsanyani y Mashaei.

Por un lado, Rafsanyani porque se trata del candidato que históricamente ha tenido diferencias claras y directas con el Líder Supremo y quien actualmente ha recibido el apoyo público y explícito de personajes reformistas de amplio calado en la política iraní como Jatami y Rouhani, e incluso de algunos religiosos conservadores como Ali Motahari, con lo que se presume puede alcanzar un porcentaje importante de los votos de las clases medias y altas del país, siempre y cuando logre acumular cierta confianza entre los simpatizantes del Movimiento Verde y del aún arrestado Mir Hoseyn Mosavi, quienes, hay que decirlo, constituyen un buen número de votos para quien quiera llegar al puesto y quienes, por cierto,   aún no han dado un respaldo total al candidato tecnócrata ni a ningún otro.


Por otro lado, se habla de un Mashaei incómodo porque éste se constituye como el candidato del presidente saliente quien ha construido una gran plataforma populista con las clases menos favorecidas en el país cuya fuerza ha utilizado para desafiar en más de una ocasión las recomendaciones del Líder Supremo iraní, sobre todo en su segundo período presidencial  y que, aunque cómplice de la mala situación económica por la que pasa Irán actualmente, maneja serios montos de ayudas populares en las provincias donde los reformistas por diversas circunstancias no han tenido un gran impacto o resonancia. Mashaei parece vivir la carrera presidencial con ayuda de la sombra de Ahmadineyad quien heredará su fuerza populista sin le menor duda a su candidato.



Con estas presentaciones, se esperan diversos movimientos políticos como la salida de algunos candidatos reformistas como Hassan Rouhani, Mostafa Kavakebian, Mohammad Reza Aref, Mohammad Shariatmadari o Masoud Pezeshkan en favor de Rafsanyani; y no menos esperado, la salida de candidatos conservadores como Mohammad Bagher Qalibaf o Ali Akbar Velayati en favor del candidato más fuerte de la coalición principalista, es decir, el ex negociador nuclear Saeed Jalili, quien se perfila como el candidato que cuenta con el apoyo de Ali Jamenei. Este último movimiento es esperado ya que Jalili es el candidato más popular, conocido y fuerte del bloque del Líder Supremo, fiel a su política nuclear y defensor del conservadurismo iraní en el extranjero que puede representar una verdadera competencia a los candidatos antes señalados a la espera de que todos los nombres expuestos anteriormente sean aprobados por el Consejo de Guardianes, en los próximos días. 





Sin embargo, este análisis se hace ya que es muy probable que las candidaturas de Rafsanyani y Mashaei así como la de Saeed Jalili sean aprobadas. La candidatura de Rafsanyani es muy probable que se apruebe porque el mismo Rafsanyani fue ratificado (por el Líder Supremo) como el Jefe del Consejo del Discernimiento en 2012 (que es el órgano iraní que se encarga de resolver las diferencias entre la Asamblea General (Mayles) y el mismo Consejo de Guardianes) por lo que una descalificación de Rafsanyani para las presidenciales sería una contradicción dentro del mismo sistema que el Líder Supremo no se puede dar el lujo de afrontar en la situación actual. Por otro lado, la candidatura de Mashaei ciertamente cuelga de un péndulo porque se trata del aliado de un Ahmadineyad muy criticado y retador que cuenta con, citando aFarideh Farhi, “una carta dirigida hacia Ahmadineyad firmada por Ali Jamenei donde se le pide al Presidente que remueva a Mashaei de su gabinete durante su primer mandato”. No obstante esta situación, esta vez la candidatura de Mashaei sería conveniente para el régimen porque podría ser usada para desgastar la candidatura de Rafsanyani e impulsar así, (in) directamente, las aspiraciones presidenciales de quien se perfila como el candidato del Frente de la Perseverancia (la coalición de Jamenei) Saeed Jalili, cuya nominación, en este contexto, no tendría por qué tener problema alguno para ser aprobada.

Lo que se debe decir también en medio de este debate político es que estos escenarios no deben ser tomados como un elemento de inestabilidad del gobierno, como seguramente lo presentarán, (ya lo hacen) muchos medios de comunicación occidentales, los cuales, por cierto, le dan más cobertura a los candidatos reformistas que a los denominados principalistas por obvias razones. Y es que la plataforma reformista suele ser vista como un elemento favorable para las políticas de Occidente, mientras lo proveniente de la Oficina del Líder Supremo suele ser satanizado y puesto en tela de juicio de manera automática. Con esto, se debe recordar que ni Musavi, ni Karrubi ni Rafsanyani e incluso ni Jatami, han puesto jamás en duda la viabilidad del programa nuclear iraní que ha sido la pieza de encono en términos de política exterior con el que se ha dañado la imagen de Irán en los medios oficiales, y con el que se intenta, en otros medios más radicales como los israelíes sionistas, presentar como un escenario amenazador y objetivo de una intervención militar.

No. Porque si bien el gobierno de Irán enfrenta un ambiente político precedido por las protestas de junio de 2009 y una serie de demandas pendientes en términos de libertad de prensa, expresión y derechos humanos, esto no significa que el debate político existente previo a las elecciones de 2013 signifique un escenario de “inestabilidad” y que se tenga que interpretar cualquier manifestación masiva en las calles del país como un punto de fragilidad y descontento que pueda devenir en un derrumbe del régimen.




El ambiente que procede a estas elecciones ha estado marcado por el eslogan “donde está mi voto” (raye man koyast) y por el arresto de las figuras reformistas que son parte del mismo sistema de gobierno. Si a esto se le agrega la presión externa y las sanciones económicas a la que ha estado sometido el país desde prácticamente su vida independiente, entonces se debe decir que el próximo presidente iraní deberá afrontar dichas crisis con el mismo pragmatismo que ha superado las desavenencias personales o colectivas para sacar avante la estabilidad del sistema, y que es muy probable que, bajo este paradigma, las elecciones presidenciales que presenciemos en junio próximo sean muy diferentes a las experimentadas en las parlamentarias del año pasado cuando la apatía se apoderó del electorado e incluso de los medios occidentales y no occidentales.


Links consultados y recomendados para saber más

Nader Oskowi, “Perseverance Front to Choose New Nominee for President.

Fardieh Farhi, “Iran Surprises Again”:  Lobe Log. http://www.lobelog.com/iran-surprises-again/ .Consultado el 11 de mayo de 2012.

Agencia de noticias Mehr. 686 candidate register in presidential election. http://old.mehrnews.com/en/newsdetail.aspx?NewsID=1821644. Consultado el 12 de mayo de 2013.
Nader Oskowi.  Reformist Line Up Behind Rafsanjani.



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