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viernes, 18 de noviembre de 2011

Huellas orientales en el Renacimiento europeo: una pincelada sobre la influencia de Oriente en Occidente


Este ensayo pretende exponer una serie de acontecimientos que prueban la concepción del Renacimiento como un período configurado gracias a la influencia oriental, y no como un fenómeno meramente europeo; posteriormente, se concluye con una serie de reflexiones en torno a la riqueza que ha dejado Oriente en Occidente, y que constituye una visión alternativa a este período de la historia.

     Generalmente se alude al período renacentista (1400 - 1600 d.C.) como referencia inmediata para entender la vasta producción literaria, artística y científica de Europa y como punto de partida para entender su poderío e influencia mundial. Si bien este proceso rico y lleno de aportaciones para el mundo moderno es muy importante de estudiar, no debe dejarse en el aire el hecho de tomarlo como un proceso plural, multi factorial-cultural y de intensa relación con su entorno, siendo un error verle como algo estrictamente europeo. Este proceso debe leerse junto con la vasta red de intercambios comerciales con sus vecinos, próximos y lejanos, de mercancías nunca antes vistas, con la transmisión de conocimientos árabes en materias de Astronomía, Filosofía y Aritmética y con la relación política, social y cultural con el Imperio Otomano que, entre otras, fueron tan solo una parte de los modelos que inspiraron e influyeron en importantes pensadores y científicos europeos desde Shakespeare hasta Copérnico (Brotton: 2003), cuyas obras, plasmadas también en materiales provenientes de Oriente, constituyeron la base de la ciencia y filosofía modernas.

La influencia de Oriente en la configuración del Renacimiento

Durante el período renacentista se vivió un clima global parecido al de hoy en día. Oriente y Occidente mantenían intensas relaciones comerciales, así como intercambios culturales que describían el quehacer cotidiano de las personas, junto con la retroalimentación de ideas y encuentros, algunas veces con perplejidad, guerras y contención y muchas otras con fascinación y deleite.
     Un primer ejemplo de lo anterior, se encuentra en el episodio donde la entonces Reina de Inglaterra, Isabel I, estableció una alianza con el Imperio Otomano en 1578 para estimular el comercio y buscar apoyo militar en contra de la España católica. Esta alianza tuvo una influencia directa en la dramaturgia y la literatura inglesa del momento (Greenblat: 1980), la cuál quedó plasmada en obras de autores reconocidos como Christopher Marlowe y William Shakespeare,[1] mismas que sirvieron como fuente de inspiración a los trabajos individualistas de científicos y pensadores como Copérnico y Galileo.
     Más sorprendente aún, es la influencia que Oriente dejó, con base en los conocimientos de matemáticos musulmanes del siglo IX como Al Jawarismi[2], sobre la realidad financiera de la época. Fibonacci, un mercader toscano muy famoso, sustituyó la numeración europea (basada en caracteres romanos) por la numeración indo arábiga, cuyas ventajas facilitaron la manera de hacer transacciones financieras,[3] cálculos de beneficios y pérdidas en las operaciones comerciales, y no menos importante, la incorporación de los signos de suma, sustracción y división que hasta mediados del siglo XV, eran desconocidos en Europa (Hattstein: 2003
     El beneficio de las matemáticas hizo disminuir la complejidad para hacer planos y mapas, así los grandes viajeros pudieron realizar grandes expediciones planeadas para corroborar la tesis de que la tierra era redonda. El primer globo terráqueo,[4] el cual excluía América, elaborado por el alemán Martín Berhaim, fue una muestra del interés europeo por Oriente, pues en esa obra se supo captar el deseo europeo por llegar a las Indias Orientales[5]y no al continente americano, donde los españoles finalmente llegaron.                
     Las Indias eran el destino por excelencia de muchos mercaderes europeos debido a su interés por la enorme cantidad de especias y mercancías exóticas allá encontradas. Sobresalían la pimienta negra, nuez, canela, opio, jengibre, almendras, tulipanes, algodón, seda, terciopelo, porcelana y otros textiles encontrados a lo largo del camino que recorría bazares de ciudades como El Cairo, Alepo, Damasco, Acre y Tabriz. La mayor parte de esas especias aparecieron en los libros de cocina europeos del siglo XV, tal como lo hicieron los nuevos pigmentos en azul ultramarino, bermellón y cinabrio, en las obras de famosos pintores renacentistas como Alberto Durero, Botticelli y los hermanos Bellini.
     Otro motivo de admiración por Oriente, a parte de los pigmentos, los aromas de sándalo, la madera, los azulejos y las piedras preciosas, era el oro. Este metal, era traído del corazón de las minas de Sudán, a través de complejas rutas comerciales de ciudades de África del Norte. El paso por África, descubre un episodio negro del Renacimiento debido a la presunta explotación de esclavos para la transportación del preciado metal. De acuerdo con Brotton (2003), resulta ocioso señalar hasta qué punto las economías que financiaban los grandes logros culturales del Renacimiento, se beneficiaron del comercio y explotación de esclavos.
     Todos los aspectos anteriores, pueden comprobarse en el análisis de la obra más representativa del Renacimiento europeo, esto es, “Los Embajadores” de Hans Holbein. Esta famosa pintura de 1533, ofrece una reproducción detallada y precisa del mundo habitado por dos hombres renacentistas, un embajador y un obispo, representantes de lo moderno, lo civilizado y del poder europeo. Sin embargo, una observación más detallada de la misma, permite descubrir una serie de objetos que rodea a los personajes principales. Entre estos elementos, se encuentran tapetes y cortinas con diseños orientales, un libro de Aritmética para comerciantes, un globo terráqueo, una colección de relojes de sol, un instrumento para conocer la posición de los barcos en altamar, es decir, objetos mayoritariamente creados por astrónomos y pensadores árabes que, junto con libros impresos de temas humanistas,[6]incluidos la Geometría, la Música y la Astronomía, resaltan la importancia que tuvo la imprenta en aquel momento, y  a su vez, revelan las distintas facetas del Renacimiento como algo no solamente europeo. 
"Los Embajadores". Holbein
Junto a la obra de Holbein, aparece otro cuadro 
en este orden de ideas. Se trata de La predicación de san Marcos en Alejandría, de Gentile y Giovanni Bellini, elaborada entre 1504 y 1507, donde se capta la fascinación europea por la cultura, la arquitectura y las comunidades orientales, debido a la aparición de un extraordinario despliegue de personajes mezclados fácilmente con personas europeas. Entre tales personajes se distinguen turcos, norteafricanos, egipcios, persas, tártaros y etíopes, dominados por el espectacular paisaje de la ciudad de Alejandría, junto a una basílica bizantina con una gran cúpula al fondo, rodeada de varias casas con mosaicos y azulejos egipcios. 
     Tal representación, deja a la vista que Europa no se construía sola y por el contrario, estaba muy al pendiente de lo que Oriente ofrecía al mundo. Se le observaba tanto que, siglos después, Europa se apoderó de todo aquello que perseguía mediante una cruel colonización fundamentada en una supuesta incredulidad y adulación servil de los orientales (Said: 2002), vistos ya no como algo exótico sino como algo inferior.

Conclusiones

Los argumentos antes señalados, son tan solo una pequeña parte de una serie de evidencias que demuestran la verdadera visión del Renacimiento europeo, no como una etapa donde Europa redescubrió la olvidada tradición cultural grecorromana, permitiéndole desarrollar nuevas formas cultas y civilizadas de pensar y actuar, sino como aquella donde el influjo oriental ejerció un efecto decisivo en lo que sería, posteriormente, la civilización con mas poder en el entorno global.
     En realidad, la influencia oriental permitió sensibilizar a muchos pensadores europeos, sobre las riquezas con las que contaban los bazares de diversas ciudades asiáticas y africanas. A su vez, dotó de herramientas a muchos mercaderes y matemáticos para mejorar su técnica en las operaciones comerciales,  mantener un control más estricto en su capital e incursionar con otros medios de pago, como la letra de cambio y el cheque, que llegarían a convertirse en pilares de la economía capitalista moderna.
     Contrario a lo que se podría pensar, el período otomano puso de relieve el intenso intercambio artístico y político entre Oriente y Occidente y no impidió sus contactos culturales. La administración otomana gravó con cuantiosos impuestos el paso por las rutas terrestres hacia Persia, China y Asia Central, pero esto causó la búsqueda y la creación de otras rutas y sistemas comerciales alternos a las rutas convencionales, lo cuál provocó un aumento del flujo comercial proveniente de Oriente.
     Finalmente, cabe recalcar la importancia de la imprenta en el desarrollo del período renacentista. La amplia difusión de ideas políticas y artísticas, planteó una revolución en la comunicación y el conocimiento (como hoy en día con el Internet), misma que sirvió para transportar ideas orientales en diversas disciplinas, incluyendo la arquitectura, a partes desconocidas y lejanas, tal como pasó con los españoles en Mesoamérica. Lo anterior puede observarse detalladamente en los cuadros de Holbein y Bellini, dos figuras reconocidas de la época renacentista quienes lograron plasmar su visión de las cosas, y que guardan en los colores de sus valiosas obras, los más valiosos vestigios orientales que dieron oportunidad de comprender el desarrollo de lo que hoy se denomina Occidente.

Referencias
Brotton, J. (2003). El bazar del renacimiento: sobre la influencia de oriente en la cultura occidental. Barcelona: Paidós.
Coles, P. (1968). The ottoman impact on Europe. London: Thames and Hudson.
Greenblat, S. (1980). Renaissence self fashioning: From More to Shakespeare. Chicago: The University of Chicago Press.
Hattstein, M., & Delius, P. (2001). El islam arte y arquitectura. Colonia: Könemann.
Kitsikis, D. (1989). El imperio otomano. México: Fondo de Cultura Económica.
Shaw, S. J. (1988). History of the Ottoman Empire and modern turkey. New York: Cambridge University.
Said, E. W. (1978). Orientalism. New York: Pantheon Books.


[1] Entre las obras más representativas, con plena influencia oriental, se pueden citar, por parte de Marlowe, Tamerlán el Grande (1587) y El judío de Malta (1590), y por Shakespeare, La Comedia de los errores (1594) y Otelo, el moro de Venecia (1603).
[2] Cuyo nombre dio al español la palabra algoritmo, base para el estudio de la matemática moderna. El libro más importante de Abu Jafar Mohammed Ibn Musa Al Jawarismi es el Kitab al Jabr gua al Muqabala  (Reglas de compleción y reducción).
[3] Una de las aportaciones mas valiosas en este rubro fue la implementación de los depósitos bancarios en papel moneda, generalmente aprendidos de la cultura árabe; posteriormente esto dio origen a lo que hoy se conoce como cheque.
[4] Este globo terráqueo incluye más de 1 100 nombres y 48 miniaturas de Reyes y gobernantes, así como detalladas descripciones de mercancías y rutas comerciales del mundo conocido hasta aquel entonces, donde resaltan los materiales habidos en África y Asia.
[5] Aunque Cristóbal Colón estaba huyendo de España por motivos personales, también deseaba llegar a las Indias Orientales para evitar el sistema de impuestos que el Imperio Otomano había colocado a lo largo de Europa. Colón, llegó casualmente a América donde llevaría la influencia árabe en la arquitectura y ornamentación de las iglesias que se construyeron a lo largo del continente. Ejemplo de esto, es la inmensa manifestación de arcos de herradura, ornamentación arabesca, bóvedas y cúpulas estrelladas por ocho lados, en la mayoría de las iglesias de México y América Latina.
[6] Los primeros libros impresos en Europa aparecieron durante la época del imperio de los otomanos, lo cuál favoreció a que escritores como Jorge Trebisonda, Francesco Berlinghieri pusieran en sus obres imágenes de Sultanes como Mehmet II o Sulaiman “El Magnífico”.

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